Esteban Hambran Portada Libro1.jpg

"Cuando uno empieza a escribir

cree firmemente en la perfección,

después se da cuenta de que lo importante es el

error…,

el error puro, en bruto".

 

[Agustín Fernández Mallo]

 

Esteban Hambran Portada Libro 2.jpg

Introducción

 

No sé cuando empecé a escribir este libro. Hace muchos años y esa es la razón por la cual no puedo decir cual fue el origen porque ni yo mismo lo sé. Sé que trata de cuestiones que en épocas determinadas me han hecho pensar muy seriamente buscando respuestas entre mis escasos conocimientos. He leído lo que no está escrito, indagando, averiguando, recorriendo laberintos imposibles de descifrar, estableciendo conjeturas, suposiciones, teorías tambaleantes y todo lo he escrito como un poseso, pensando que entre tanto intento surgiría alguna luz que me iluminara. He gritado muchas veces ¡eureka!, para luego hundirme en la decepción y en la rabia. He caído del caballo como Saulo de Tarso y luego como Sísifo he tenido que cargar con el fracaso para subir otra vez la montaña para volver a caer. De todas formas, me ha servido para ir más allá de mis limitados horizontes y descubrir ideas que me han enriquecido y me gustaría que también sirvieran para enriquecer al atrevido lector.

 

Puedo decir que es el fruto desordenado y caótico de una persona que no domina el arte de escribir, pero necesita hacerlo. Necesito expresar con la palabra un flujo de ideas, a veces dispersas, otras inconexas, porque estoy seguro de que las palabras son los destellos, las luces, los bloques primordiales únicos capaces de construir torres que se elevan por encima de todo lo que existe.

 

No puedo decir, no puedo pretender, que lo que sigue sea una novela con estructura hilvanada y recorrida toda ella por una corriente de intenciones previamente pensadas y construidas con un fin determinado. A veces he creido que lo que escribía era un ensayo y tampoco he quedado satisfecho porque le faltaba una estructura lógica y reconocible.

 

No, cuando empezé a escribir no sabía que quería escribir y a lo largo de este largo camino que he recorrido para llegar aquí, tampoco estaba seguro de lo que aquello fuera. Pero las palabras fluían imparables, improvisadas, formando construcciones dispares, que se buscaban unas a otras formando edificios que, de forma desconocida para mí, iban construyendo algunas ideas consistentes que se han convertido mucho después en un débil hilo conductor que me ha hecho albergar la esperanza de que entre ese maremágnum pudiera haber algún valor, alguna hipótesis que pueda servir para explicar, aunque sea minimamente, las grandes preguntas que todos nos hacemos sobre el futuro de nuestro mundo. Aunque siempre sabiendo que hablar del futuro es muy arriesgado por una razón transcendental: el futuro no existe.

 

Nadie que pretenda leer este libro tenga la valentía de hacerlo de seguido, de principio a fin, aunque si lo hiciera yo le quedaría eternamente agradecido. Yo propongo que si algún capítulo le resulta pesado lo deje para más tarde. No hay problema, los capítulos son autocontenidos en lo posible y quizá le resulte más agradable hacerlo así y puede que de esta forma sea capaz de leerlo completamente.

 

Una vez declaradas las prevenciones para el querido lector, vienen las ayudas, los incentivos, los alicientes, los estímulos y acicates para que olvide las dificultades y llegue a pensar que vale la pena leer este libro. Se habla de música, de música clásica y ligera (algunos capítulos están construidos sobre canciones actuales). De viajes espaciales y de planetas perdidos en la inmensidad del cosmos. Se plantea el problema de los límites de la inteligencia humana y de si ésta será capaz de comprender y controlar el desarrollo de la inteligencia artificial o por el contrario terminaremos como esclavos de esas criaturas artificiales que nosotros hemos creado. La religión aparece de una forma reiterada pero paradójica.

 

Como tema central se plantea la destrucción de la especie humana por el crecimiento descontrolado de la entropía que no es ni más ni menos que el desorden intrínseco e inevitable de todo lo que existe, y como los humanos tratan de encontrar la solución para ese problema incomprensible para la especie humana. Y como no, el libro habla de la belleza en el arte. De la decadencia o del fin del arte. Seguramente saquen la conclusión de que es un libro de ciencia ficción, pero les puedo asegurar que no lo es o por lo menos no al uso de lo que entendemos sobre tipo de libros. Habla del futuro y de las especulaciones que siempre se pueden hacer sobre él. Pero no es un libro de ciencia ficción.

 

Y una pregunta que surgirá seguro, ¿Por qué ese titulo : “La Torre de Esteban Hambrán”?. Porque el débil hilo conductor del que hablaba antes es un “hombre” llamado Esteban Hambrán, destinado a ser el “nuevo hombre”, un “dios” que nos debe salvar de la hecatombe total, un hombre-dios construido o mejor “creado” sobre una “Torre” levantada con las palabras “sagradas” que son la fuerza y el poder de la inteligencia humana, que intentará salvar a la especie humana de las fuerzas cósmicas que desde otro universo vienen a beber nuestra negantropia, nuestra energía positiva, creadora.

 

Lean por favor y no desmayen, sean benévolos con mis palabras y tengan presente la apostilla de Agustin Fernandez Mallo que aparece al principio, que me ha servido de guía y faro. Yo he entendido, creo, su mensaje, no es la perfección el motor del mundo y de las personas, es el “error”, el error puro, en bruto, lo que nos hace progresar, caminar errando y viviendo hasta el final.

��_��I),�